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miércoles, 9 de julio de 2014

The Dopaminergic Mind in Human Evolution and History

The Dopaminergic Mind in Human Evolution and History
Author: Fred H. Previc
Date: May, 2009.

What does it mean to be human? There are many theories of the evolution of human behavior which seek to explain how our brains evolved to support our unique abilities and personalities. Most of these have focused on the role of brain size or specific genetic adaptations of the brain. In contrast, Fred Previc presents a provocative theory that high levels of dopamine, the most widely studied neurotransmitter, account for all major aspects of modern human behavior. He further emphasizes the role of epigenetic rather than genetic factors in the rise of dopamine. Previc contrasts the great achievements of the dopaminergic mind with the harmful effects of rising dopamine levels in modern societies and concludes with a critical examination of whether the dopaminergic mind that has evolved in humans is still adaptive to the health of humans and to the planet in general.

martes, 25 de diciembre de 2012

Neuroimagen y trastorno bipolar

Los jóvenes con riesgo genético de sufrir trastorno bipolar muestran una reducción en la actividad de una región cerebral relacionada con las emociones.
19.12.2012. investigacionyciencia.es


Los jóvenes con un riesgo genético de sufrir trastorno bipolar, aunque sin signos clínicos de la enfermedad, presentan una reducción en la actividad de una región cerebral relacionada con las emociones, en concreto, la circunvolución frontal inferior.
A esta conclusión han llegado en fecha reciente investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur y del Instituto Black Dog, en Sidney, mediante técnicas de neuroimagen. El trastorno bipolar se caracteriza, entre otros factores, por las fluctuaciones extremas y a menudo impredecibles del estado de ánimo y los cambios conductuales (conducta desinhibida, agresividad y depresión severa). Esta sintomatología influye de manera destacada en la vida diaria de los afectados.
Menos respuesta a las emociones
«Hemos encontrado que los jóvenes con un padre o un hermano con trastorno bipolar mostraban respuestas cerebrales reducidas ante rostros emotivos, en especial ante las cara que expresaban miedo», indica Philip Mitchell, de la Universidad de Nueva Gales del Sur y autor principal del estudio. «Sabemos que el trastorno bipolar es principalmente una enfermedad biológica con una influencia genética fuerte, pero existen desencadenantes que todavía no se han entendido», añade.
A través de imágenes por resonancia magnética funcional, los científicos observaron la actividad cerebral de 47 probandos entre los 18 y 30 años con al menos un familiar de primer grado que padecía dicha psicopatología; también de 49 sujetos de control (dentro del mismo rango de edad, pero sin una historia familiar de trastorno bipolar u otras enfermedades mentales graves). A todos ellos se les mostraron fotografías de rostros felices, temerosos o neutros (en calma). Los resultados revelaron que las personas con un riesgo genético de trastorno bipolar manifestaban una reducción de la actividad en una parte específica del cerebro que regula las respuestas emocionales: la circunvolución frontal inferior.
«Nuestros resultados muestran que el trastorno bipolar puede estar relacionado con una disfunción en la regulación emocional», indica Mitchell. Según prevén los autores, la identificación precoz de este trastorno mental podría mejorar la evolución de la enfermedad y permitiría implementar programas de intervención temprana. «Esperamos que la identificación temprana mejorará de manera relevante los resultados para las personas que van a desarrollar el trastorno, e incluso permita prevenir su aparición en algunos individuos», apunta Mitchell.
Más información en Biological Psychiatry
Fuente: Universidad de Nueva Gales del Sur / EurekaAlert!

domingo, 10 de junio de 2012

Neurociencia del incienso: virtudes psicoactivas de este ingrediente ritual

Por. Luciano Montlune. Pijamasurf. Mayo 2012.
A pesar de que muchas personas utilizan el incienso como una metafora mística, investigadores confirman que esta sustancia posee bondades psicoactivas que actúan en forma fáctica contra la ansiedad y la depresión.

Desde hace milenios distintas tradiciones místicas han utilizado el incienso como un catalizador de manifestaciones etéreas así como una especie de facilitador sensorial para entablar conexiones entre el mundo de la materia y el del espíritu. Sin embargo, como suele ocurrir, la ciencia había prestado poca atención a los posibles efectos neurológicos de estas sustancias. Tal vez por eso el estudio que realizaron conjuntamente investigadores de la Universidad Johns Hopkins y de la Universidad Hebrea de Jerusalén resultó particularmente innovador. 
Utilizando como muestra resina de Boswellia, árbol bastante popular en ciertas regiones de África y Arabia que ha sido tradicionalmente utilizado para extraer resina que posteriormente se quema para cobijar con su humo recintos religiosos, los investigadores comprobaron que al entrar en contacto con una persona este incienso activa canales iónicos del cerebro. El resultado de esta interacción es un estado de relajación neurológica –debilita sensaciones ligadas a la depresión y a la ansiedad.
Raphael Mechoulam, co-autora del estudio, enfatiza en el efecto neurológico del incienso, una sustancia que muchos utilizan contemplando exclusivamente su papel metafórico:
“A pesar de la información contenida en antiguos textos, la psicoactividad de los componentes de la Bosweilla no han sido investigados. Comprobamos que el acetato de incienso, un componente de resina de Bosweilla, cuando probado en ratones reduce la ansiedad y provoca un comportamiento anti-depresivo. Aparentemente en la actualidad la mayoría de los usuarios asume que el quemar incienso solo tiene un significado simbólico”. 
 Para determinar los efectos de esta resina sobre el sistema nervioso los científicos administraron acetato de incienso a los ratones y comprobaron que ciertas áreas de su cerebro, aquellas ligadas a los circuitos nerviosos y al manejo de emociones, respondían significativamente al estímulo –específicamente activó una proteína llamada TRPV3 que se presenta en el cerebro de todo mamífero y esta relacionada a la percepción de temperatura.
“El estudio también provee una explicación biológica a las prácticas religiosas que se han preservado a lo largo de milenios, atravesando el tiempo, la distancia, la cultura, la religión. El quemar incienso realmente te ofrece una sensación de calor y hormigueo alrededor del cuerpo” afirma emocionado el entonces Editor en Jefe de The FASEB Journal, Gerald Weissmann. 
Algo que me resulta especialmente interesante es el concebir este estudio realizado en 2008 como un episodio más de un fenómeno apasionante: la ciencia llegando a conclusiones que de algún modo las tradiciones místicas manejaban ya desde hace siglos o incluso milenios. Para entender mejor esta relación consideremos la siguiente analogía.
Podemos percibir a la ciencia y a la magia como dos hermanas que caminaban juntas. Una de ellas que manifiesta como virtudes distintivas la serenidad y la claridad se mantiene sobre el sendero cristalino mientras que la otra, inquieta y caprichosa, decide separarse para tomar otro camino, el cual resultará largo y tedioso. Miles de años después ambas se reencuentran en su destino original, y mientras que la magia arribó con milenios de anticipación, aguardando pacientemente a su ‘otra yo’, la ciencia decidió rodear el camino, lo cual le implicó múltiples tropiezos en buena medida detonados por su soberbia y su desconfianza –pero al parecer ese era su ineludible destino. 
No deja de ser curioso como la ciencia celebra cuando comprueba metódicamente un postulado místico, olvidando que durante siglos se dedicó a descalificarlo. Si hace un par de décadas hubiésemos intentado explicar a un científico que el incienso tiene propiedades que van más allá de la estética sensorial, y que de manera inexplicable, pero también innegablemente, inducen condiciones propicias para la oración, el rezo, o la meditación, muy probablemente nuestra afirmación habría sido discriminada. Sin embargo hoy, luego de cinco mil años de uso del incienso en contextos espirituales –recordemos que en China hay indicios de esta práctica que datan del neolítico– celebra el haber confirmado propiedades psicoactivas de este ingrediente ritual.
Pero más allá de observar este divertido retraso científico no deja de ser reconfortante para nuestras mentes, a fin de cuentas educadas en contextos racionales, confirmar que esa seducción metafísica que hemos mantenido durante años frente al incienso en realidad responde a un tangible estímulo neurológico que favorece nuestro diálogo con el espíritu. Dejemos pues, con aún más confianza, que la efímera y ágil silueta de su humo siga abrazando nuestros espacios (como el río acaricia la tierra que atraviesa sin detener su marcha). 

miércoles, 4 de abril de 2012

Conocer el cerebro para la excelencia en la educación


Conocer el cerebro para la excelencia en la educación

‘Conocer el cerebro para la excelencia en la educación’ es un manual editado en el 2010 por Innobasque y escrito por Nieves Maya (directora del Colegio Carmelitas de Vitoria y miembro del Ícaro Think Tank) y Santiago Rivero (consejero de Human Management Systems y patrono de NSF), bajo la dirección científica de F.C. Rubia, cuyo objetivo es ‘es conocer, en líneas generales y en la medida en que puede tener un interés para la docencia, el estado de las investigaciones científicas relacionadas con el conocimiento del cerebro: su fisiología y funcionamiento; el análisis de la medida en que existen, o no, prácticas inspiradas en dichos conocimientos; y la identificación de iniciativas que se perciban como prometedoras, en lo referente a expectativas de desarrollos futuros relativos a la aplicación de la neurociencia para la mejora de la docencia’.

Conocer el cerebro para la excelencia en la educación

Como bien afirma Luis María Ullibarri en la introducción a este trabajo ‘que todo agente educativo conozca y entienda cómo aprende el cerebro, cómo procesa la información, cómo controla las emociones, los sentimientos, los estados conductuales, o cómo es frágil frente a determinados estímulos, llega a ser un requisito indispensable para la innovación pedagógica y transformación de los sistemas educativos’.
Y es que como nos recuerda el Sr.Rubia ‘Conceptos antiguos como memoria o inteligencia han quedado obsoletos al entender que estas facultades se descomponen en diversos tipos que hay que tener en cuenta. La memoria o la inteligencia ya no son unitarias y dependiendo del tipo de que se trate cada uno de ellos debe ser desarrollado adecuadamente. Por eso es importante conocer primero las disposiciones de cada alumno para poder tratarlo de acuerdo con sus facultades. No hay que olvidar que nada se aprende mejor que sobre lo ya conocido y en este sentido al igual que estamos cerca de una medicina personalizada, también en educación nos encaminamos cada día más a una enseñanza que tenga en cuenta las predisposiciones de cada individuo’.
Si bien el avance de todo tipo de ciencias constituye un logro digno de la mayor consideración, los objetivos a los que apunta la neurociencia y los logros que se empiezan a conseguir, junto con futuros descubrimientos que ya se atisban, permiten concebir la esperanza de conocer, en un tiempo no demasiado lejano, las claves para el óptimo desarrollo del potencial intelectual de las personas.
El manual se organiza en torno a cuatro partes, de la siguiente manera:
En la primera parte del trabajo se recogen algunos aspectos interesantes relacionados con el cerebro: estructuras, funcionamiento y aspectos que inciden en el mismo.
En la segunda parte, se hace referencia a aspectos relacionados con la evolución cerebral, su capacidad de aprender, la influencia de la educación y del entorno para el desarrollo y la activación de la misma, el aprendizaje de cuestiones como las matemáticas y el lenguaje, y otros aspectos, en los que se relaciona la anatomía cerebral con su incidencia en los procesos de aprendizaje.
En la parte tercera se incluye una relación de personas y organizaciones que están involucradas en la aplicación de la neurociencia a la mejora de las prácticas educativas y otras cuestiones relacionadas con ésta.
La cuarta parte hace referencia a la situación actual de la neurociencia, la deseable interacción con los profesionales de la educación y qué cabe esperar de esta interdisciplinariedad neurociencia-educación. Asimismo se indican cuáles son las líneas de trabajo que se considera interesante acometer con el fin de sacar un máximo rendimiento de la aplicación de la neurociencia a la educación y el desarrollo de las capacidades de las personas.
Hoy resumimos los contenidos de la primera de las partes donde los descubrimientos sobre los aspectos emocionales tienen un papel preponderante.
Y es que hoy la ciencia afirma que todos los procesos de aprendizaje que se realizan en el cerebro tienen una base emocional. Las emociones positivas ayudan a la motivación mientras que las emociones negativas obstaculizan cualquier intento por aprender. A su vez, el uso de las emociones positivas para el desarrollo cognoscitivo es de especial importancia en la autoestima del alumno, ya que aprende a no asociar el fallo al fracaso o a emociones negativas.
Por esta misma razón los estados de estrés o miedo perjudican al aprendizaje. Mientras un moderado nivel de estrés resulta positivo para el mantenimiento del estado de alerta y de la atención, lo que a su vez permite al cerebro estar en las condiciones óptimas para tratar la información, más allá de eso puede resultar nefasto ya que se segrega cortisol, una sustancia química que produce efectos negativos en el aprendizaje y en la memoria.
Aquí radica la importancia de controlar las emociones. La inteligencia emocional generalmente es referida a la habilidad de autorregularse, es decir, de controlar los impulsos e instintos inmediatos, pero no podemos olvidar que también se refiere a la cooperación, esto es, truncar una satisfacción personal para ayudar o satisfacer al prójimo. Aprender a retrasar la gratificación y a cooperar con el grupo es un buen método para formar alumnos emocionalmente inteligentes.
Quisiéramos destacar de los contenidos de esta primera parte una serie de acciones probadas que contribuyen al ‘buen funcionamiento’ de nuestro cerebro y que podemos poner en práctica en nuestra vida cotidiana, pero especialmente entre nuestros/as jóvenes:
1. El desayuno es esencial para el cerebro, ya que proporciona una ingesta de glucosa importante sin la cual muchas funciones cerebrales se resienten. Es importante a su vez que durante el día se cuide el aporte necesario de agua, nutrientes y glucosa, ya que estos elementos vitales no son producidos por el cuerpo y por lo tanto, han de ser ingeridos
2. El cerebro está constituido en, más de un 80%, por agua; por lo tanto, debemos prevenir la deshidratación, ya que podría dañar funciones cerebrales como la concentración y la memoria.
3. Recientes investigaciones indican que el ejercicio es beneficioso para mejorar la función cerebral y el estado de ánimo e incrementar el aprendizaje.
4. Unos buenos hábitos de sueño y dormir las horas recomendadas pueden tener efectos muy positivos en el aprendizaje, ya que ayudan a consolidar los conceptos aprendidos y se regeneran neuronas necesarias para seguir comprendiendo y entendiendo el medio que nos rodea, a la mañana siguiente.
5. Finalmente que el ambiente en el que se muevan los/as niños/as sea lo más relajado y tranquilo aumenta sus posibilidades de concentración y de mejora de sus capacidades cognitivas. El estrés disminuye la función del hipocampo (neurogénesis), reduce la plasticidad cerebral y aumenta en exceso la actividad de la amígdala sobre el hipocampo, lo que da origen a una disminución del control de las emociones (emociones poco controladas).

martes, 20 de marzo de 2012

La danza ayuda a comprender las funciones neuronales

La danza ayuda a comprender las funciones neuronales
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Tendencias21- 15/03/2012.
El conocimiento del cerebro, especialmente a partir de lesiones y neuroimágenes, permitiría dar un vuelco a la educación, en su forma y contenido, para construir una sociedad más solidaria y empática. 

Existe una profunda relación entre las expresiones artísticas y las funciones neuronales, pues la corteza insular del cerebro no solo da cabida a los sentimientos de conciencia, sino que también proporciona la experiencia subjetiva emocional y su representación en el cuerpo de los seres humanos. 

Entender el funcionamiento del cerebro a partir del arte podría ser la clave para acercar al individuo a sus propios sentimientos y, por otra parte, podría acercar la subjetividad a la objetividad. Pero esto requiere un profundo análisis de las funciones cerebrales. Para ello, la danza es bastante útil como herramienta, al representar la conjunción de otras artes. 

La danza y el cerebro 

Desde el punto de vista de las neurociencias, se estima que la danza representa el pensamiento convertido en acción y que puede abarcar diferentes corrientes artísticas dentro de sí. Así lo afirma el doctor Roberto Amador, docente de la Universidad Nacional de Colombia: “La danza como expresión humana es utilizada para pintar, para la música, para hablar, es decir: forma parte de todas las formas de lenguaje, unas más evidentes que otras; pero la interiorización del movimiento es la base evolutiva del pensamiento”. 

Con el fin de comprender la estrecha relación entre danza, movimiento y cerebro, el grupo Fundación Festival Art de Colombia (conformado por niñas de siete a diez años), se presentó en la cuarta sesión de la Cátedra Arte y Cerebro, celebrada en Bogotá y organizada por la Universidad Nacional de Colombia. 

Acompañadas de las palabras del psicólogo Rafael Pardo y de la bailarina y coreógrafa Adriana Echavarría, las niñas explicaron la grandeza de la danza clásica e integraron el abanico de propuestas del movimiento, mediante posturas, giros, variaciones y manejo del espacio. 

La estética del movimiento es el propio pensamiento, pero con sentimiento; y la experiencia estética de la danza se produce gracias a la secuencia del movimiento y a su predicción. “El cuerpo necesita de una organización alrededor de sus propios componentes (ya sea el torso, los miembros superiores, la mirada, la cabeza o las extremidades inferiores), y todos relacionados con el espacio personal. La coreografía no es solo inventar movimientos: es evaluar los efectos perceptuales y emocionales de un movimiento en particular o de una configuración espacial”, explicó el profesor Amador. 

Para el maestro Carlos Jacanamijoy, pintor invitado a la cátedra, el movimiento de los ojos al hacer un barrido y la posterior emulación de la realidad que hace el cerebro permite que esa información sea recordada y aplicada para prever el futuro. 

El arte tiene la capacidad de transformarse para transmitir diferentes sentimientos. Por esta razón, Jacanamijoy cambió su tradicional lienzo plano por el cuerpo de las niñas, para así explicar, a través de su obra, “la belleza del cuerpo, del trazo, del gesto, de la coreografía cerebral, del origen del arte y la estética y cómo una obra pictórica, considerada plástica, también tiene temporalidad, pues al colgarla en la pared desaparece”, en términos del profesor Amador. 

Finalmente, el movimiento es la expresión primaria del arte. Y, a través de la danza, se configuran diferentes artes que permiten sensibilizar y cambiar la visión de quien la realiza o de quien la explora.