Control es la biografía de Ian Curtis, vocalista de Joy Division desde 1973, cuando aún era un adolescente que estaba en el colegio, hasta la víspera del arranque del primer tour americano del grupo en 1980. Durante estos años, asistimos a la evolución de Curtis, que parte de su admiración adolescente de David Bowie, a un punk inspirado en la obra de los Sex Pistols, hasta llegar a convertirse en una estrella dentro del rock New Wave, movimiento musical derivado del punk rock, surgido a finales de los 70 en Inglaterra.
La película, basada en la biografía de su ex-mujer Touching From A Distance, hace un repaso por todos los acontecimientos que marcaron la vida de Ian: epilepsia, fracaso matrimonial, su amante, su grupo. Corbijn utiliza estos hechos en un intento por explicar que fue lo que le llevó a ahorcarse, con tan sólo 23 años.
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miércoles, 9 de julio de 2014
Control por Anton Corbijn (2007)
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The Dopaminergic Mind in Human Evolution and History
The Dopaminergic Mind in Human Evolution and History
Author: Fred H. Previc
Date: May, 2009.
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miércoles, 20 de febrero de 2013
Insomnia, Despair about Sleep May Raise Risk of Suicide
Researchers have long known that insomnia and nightmares are risk factors for suicide, but they were not sure what role that the conditions precisely played. Now, researchers believe that they may have the answer. They found that insomnia can give way to a specific form of hopelessness. While hopelessness has also long been a characteristic risk factor for suicide, this despair is different. For people who fear that they will never have a good night of sleep again, suicidal thoughts may increase.
In fact, according to WJBF, people who have insomnia that persists for over a year have up to 30 times the risk of developing depression than people who do not. An estimated 60 percent of people who have depression also have insomnia.
The study was led by Dr. W. Vaughn McCall from Georgia Regents University, and was performed in collaboration with researchers from Wake Forest University in North Carolina and the University of Louisville in Kentucky. Dr. McCall explained in a statement that he has had patients who developed increasingly negative and unfounded thoughts about their sleep, thinking that they had damaged their immune systems for good, or that one night of bad sleep would mean that their sleep for the rest of the week would be tainted as well, according to Fox News.
The study was conducted with 50 participants, with ages ranging from 20 to 80. All of the patients had depression disorder; they were all either in-patients, out-patients or being treated at the emergency department. Over half of the patients had attempted suicide before the study; most were taking some kind of antidepressant. The researchers asked all of the participants questions linked to dysfunctional sleep behavior, like "Do you think that you will ever get a good night's rest again?"
The answers surprised the researchers. "It was this dysfunctional thinking, all these negative thoughts about sleep that was the mediating factor that explained why insomnia was linked to suicide," said Dr. McCall in a statement. "If you talk with depressed people, they really feel like they have failed at so many things. It goes something like, 'My marriage is a mess, I hate my job, I can't communicate with my kids, I can't even sleep.' There is a sense of failure and hopelessness that now runs from top to bottom and this is one more thing."
The study was published in the Journal of Clinical Sleep Medicine.
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domingo, 10 de junio de 2012
Una de cada dos personas con trastorno bipolar no es diagnosticada
Aparece entre los 15 y los 25 años. Es padecida por entre el 2 y el 5 por ciento de la población.
Alrededor del 49 por ciento de las personas que sufren un trastorno bipolar no está diagnosticado y el 31 por ciento de los que conocen esta enfermedad han recibido un tratamiento equivocado de depresión mayor.
Y aunque las cifras que entregaron correspondían a España, de acuerdo con los psiquiatras y neurólogos, estas pueden extrapolarse a otras latitudes y es posible que reflejen lo que pasa en países en vías de desarrollo, como Colombia.
Según el psiquiatra Antonio Carlos Toro, coordinador del programa de salud mental del Hospital San Vicente y profesor de la Universidad de Antioquia, "esta enfermedad suele aparecer entre los 15 y los 25 años y se calcula que es padecida por entre el 2 y el 5 por ciento de la población mundial; sin embargo, a nivel local la estadística puede ser menor, pero por simple falta de consulta".
Toro afirma que como este trastorno se caracteriza por dos fases -una depresiva y otra maniaca que es de euforia o exaltación- , y la primera es más común que la segunda, "eso hace que muchas veces el paciente sea tratado como un depresivo y no responda al tratamiento o recaiga porque tiene es trastorno bipolar".
De ahí, el diagnóstico equivocado. Durante el seminario en España, los expertos recordaron que cada vez hay avances más grandes e investigaciones más completas sobre el tratamiento de este trastorno, pero sigue siendo muy difícil diagnosticarlo durante las primeras etapas de la enfermedad.
En concreto, el trastorno bipolar es una enfermedad mental que, con los medios actuales, es perfectamente tratable en la mayor parte de los casos.No afecta a la inteligencia, sino a la regulación de las emociones, y sus causas son una combinación de factores genéticos y ambientales.
Asimismo, su tratamiento es farmacológico y psicoterapéutico. Según la Programa de Trastornos Bipolares del Servicio de Psiquiatría en el Hospital Universitario La Paz de Madrid (España), Consuelo de Dios, "tiende a ser crónica y recurrente, y se puede manifestar con un conjunto de diferentes síntomas psicológicos, conductuales y físicos no siempre fáciles de diagnosticar y tratar.
No obstante, muchos pacientes adecuadamente tratados pueden llevar una vida y unas relaciones normales".
Se estima que el trastorno bipolar puede disminuir la esperanza de vida entre 13 y 30 años. Y, de acuerdo con la especialista De Dios, en esta enfermedad la mortalidad está relacionada con causas no naturales como el suicidio o los accidentes, pero, más aún, con causas naturales, entre las que se cuentan problemas cardiovasculares y endocrino-metabólicos.
"Las enfermedades que con más frecuencia se presentan en el paciente con trastorno bipolar son la obesidad mórbida, la diabetes mellitus y las enfermedades cardiovasculares -le dijo a la prensa de su país tras el evento-. Además, los problemas de abuso de sustancias, incluyendo el alcohol, son mucho más frecuentes en el paciente con trastorno bipolar que en la población general, y esto también conlleva un alto riesgo de morbimortalidad".
* Con información de www.elmundo.es
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Neurociencia del incienso: virtudes psicoactivas de este ingrediente ritual
Por. Luciano Montlune. Pijamasurf. Mayo 2012.
A pesar de que muchas personas utilizan el incienso como una metafora mística, investigadores confirman que esta sustancia posee bondades psicoactivas que actúan en forma fáctica contra la ansiedad y la depresión.
Desde hace milenios distintas tradiciones místicas han utilizado el incienso como un catalizador de manifestaciones etéreas así como una especie de facilitador sensorial para entablar conexiones entre el mundo de la materia y el del espíritu. Sin embargo, como suele ocurrir, la ciencia había prestado poca atención a los posibles efectos neurológicos de estas sustancias. Tal vez por eso el estudio que realizaron conjuntamente investigadores de la Universidad Johns Hopkins y de la Universidad Hebrea de Jerusalén resultó particularmente innovador.
A pesar de que muchas personas utilizan el incienso como una metafora mística, investigadores confirman que esta sustancia posee bondades psicoactivas que actúan en forma fáctica contra la ansiedad y la depresión.
Desde hace milenios distintas tradiciones místicas han utilizado el incienso como un catalizador de manifestaciones etéreas así como una especie de facilitador sensorial para entablar conexiones entre el mundo de la materia y el del espíritu. Sin embargo, como suele ocurrir, la ciencia había prestado poca atención a los posibles efectos neurológicos de estas sustancias. Tal vez por eso el estudio que realizaron conjuntamente investigadores de la Universidad Johns Hopkins y de la Universidad Hebrea de Jerusalén resultó particularmente innovador.
Utilizando como muestra resina de Boswellia, árbol bastante popular en ciertas regiones de África y Arabia que ha sido tradicionalmente utilizado para extraer resina que posteriormente se quema para cobijar con su humo recintos religiosos, los investigadores comprobaron que al entrar en contacto con una persona este incienso activa canales iónicos del cerebro. El resultado de esta interacción es un estado de relajación neurológica –debilita sensaciones ligadas a la depresión y a la ansiedad.
Raphael Mechoulam, co-autora del estudio, enfatiza en el efecto neurológico del incienso, una sustancia que muchos utilizan contemplando exclusivamente su papel metafórico:
Para determinar los efectos de esta resina sobre el sistema nervioso los científicos administraron acetato de incienso a los ratones y comprobaron que ciertas áreas de su cerebro, aquellas ligadas a los circuitos nerviosos y al manejo de emociones, respondían significativamente al estímulo –específicamente activó una proteína llamada TRPV3 que se presenta en el cerebro de todo mamífero y esta relacionada a la percepción de temperatura.“A pesar de la información contenida en antiguos textos, la psicoactividad de los componentes de la Bosweilla no han sido investigados. Comprobamos que el acetato de incienso, un componente de resina de Bosweilla, cuando probado en ratones reduce la ansiedad y provoca un comportamiento anti-depresivo. Aparentemente en la actualidad la mayoría de los usuarios asume que el quemar incienso solo tiene un significado simbólico”.
“El estudio también provee una explicación biológica a las prácticas religiosas que se han preservado a lo largo de milenios, atravesando el tiempo, la distancia, la cultura, la religión. El quemar incienso realmente te ofrece una sensación de calor y hormigueo alrededor del cuerpo” afirma emocionado el entonces Editor en Jefe de The FASEB Journal, Gerald Weissmann.
Algo que me resulta especialmente interesante es el concebir este estudio realizado en 2008 como un episodio más de un fenómeno apasionante: la ciencia llegando a conclusiones que de algún modo las tradiciones místicas manejaban ya desde hace siglos o incluso milenios. Para entender mejor esta relación consideremos la siguiente analogía.
Podemos percibir a la ciencia y a la magia como dos hermanas que caminaban juntas. Una de ellas que manifiesta como virtudes distintivas la serenidad y la claridad se mantiene sobre el sendero cristalino mientras que la otra, inquieta y caprichosa, decide separarse para tomar otro camino, el cual resultará largo y tedioso. Miles de años después ambas se reencuentran en su destino original, y mientras que la magia arribó con milenios de anticipación, aguardando pacientemente a su ‘otra yo’, la ciencia decidió rodear el camino, lo cual le implicó múltiples tropiezos en buena medida detonados por su soberbia y su desconfianza –pero al parecer ese era su ineludible destino.
No deja de ser curioso como la ciencia celebra cuando comprueba metódicamente un postulado místico, olvidando que durante siglos se dedicó a descalificarlo. Si hace un par de décadas hubiésemos intentado explicar a un científico que el incienso tiene propiedades que van más allá de la estética sensorial, y que de manera inexplicable, pero también innegablemente, inducen condiciones propicias para la oración, el rezo, o la meditación, muy probablemente nuestra afirmación habría sido discriminada. Sin embargo hoy, luego de cinco mil años de uso del incienso en contextos espirituales –recordemos que en China hay indicios de esta práctica que datan del neolítico– celebra el haber confirmado propiedades psicoactivas de este ingrediente ritual.
Pero más allá de observar este divertido retraso científico no deja de ser reconfortante para nuestras mentes, a fin de cuentas educadas en contextos racionales, confirmar que esa seducción metafísica que hemos mantenido durante años frente al incienso en realidad responde a un tangible estímulo neurológico que favorece nuestro diálogo con el espíritu. Dejemos pues, con aún más confianza, que la efímera y ágil silueta de su humo siga abrazando nuestros espacios (como el río acaricia la tierra que atraviesa sin detener su marcha).
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miércoles, 9 de mayo de 2012
SPARX: Video Game Helps Teens Battle Depression
SPARX: Video Game Helps Teens Battle Depression
By TRACI PEDERSEN Associate News Editor
Reviewed by John M. Grohol, Psy.D. on April 23, 2012
By TRACI PEDERSEN Associate News Editor
Reviewed by John M. Grohol, Psy.D. on April 23, 2012
Shooting down negative thoughts in a video game may alleviate depression just as well as traditional talk therapy, a new study shows. (About SPARX)
The game, developed by researchers and teachers in New Zealand, is called SPARX (Smart, Positive, Active, Realistic, X-factor thoughts).
Based in a 3D fantasy world, the game leads players through seven realms (each about 30 minutes long) that teach mental behavioral skills for battling depression. For example, in one level, gamers battle their way through a swamp where they’re attacked by black, smoldering balls called GNATS (Gloomy Negative Automatic Thoughts). “These GNATS fly at the avatar and say negative things like ‘you’re a loser,’” said researcher Sally N. Merry, Ph.D., an associate professor at the University of Auckland.
Players shoot the GNATS and then put them into barrels that label them as particular kinds of negative thoughts. If the answer is correct, the GNATS turn into SPARX—glowing balls that compliment the players and restore balance. “We used a lot of allegory,” Merry said.
Players complete one or two levels in the game each week for three to seven weeks. To test the game, researchers recruited 187 teens with mild to moderate depression and assigned them to one of two groups: the first group played the video game and the other group received typical treatment from trained counselors at schools and youth clinics. More than 60 percent of the participants were girls with an average age of 16.
Researchers used psychological tests to assess depression before, during, and three months after the study.
In both groups, levels of anxiety and depression were reduced by about one-third. The video game, however, helped more kids recover from their depression. About 44 percent achieved remission in the SPARX group compared to 26 percent in usual care.
“Around 80 percent of young people with depression never get treatment,” said Merry. “When you do the calculations of how many therapists you need to meet that need, it’s enormous.”
Merry believes that a video game like SPARX, which doesn’t require supervision, could help fill treatment gaps, especially in underserved areas. It’s also a private way for kids to get help when they may not want to talk to an adult. Merry is working with the University of Auckland to make SPARX more widely available.
The study is published in the journal BMJ. Research here.
What is SPARX?
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miércoles, 4 de abril de 2012
Investigación vincula la comida basura con un riesgo elevado de depresión
Investigación vincula la comida basura con un riesgo elevado de depresión
Por Patricia Matey. elmundo.es

La comida rápida y la bollería industrial no solo son los peores enemigos de la salud cardiaca, sino que al parecer también son contrincantes de la salud mental.
Científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y de la Universidad de Navarra son los autores de una nueva investigación que constata que los consumidores de hamburguesas, pizzas, magdalenas, donuts... tienen más riesgo de desarrollar depresión.
Almudena Sánchez-Villegas, autora principal de un estudio epidemiológico que ha visto la luz en el último 'Public Health Nutrition' , reconoce a ELMUNDO.es: "En este estudio hemos constatado que aquellos participantes con mayor consumo de comida rápida, presentaban un mayor riesgo de depresión que los participantes que no consumían este tipo de alimentos. Este incremento del riesgo se sitúa en torno al 40%".
"La depresión afecta a 121 millones de personas en todo el mundo, lo que la convierte en una de las principales causas globales de discapacidad ajustada por años de vida y la principal causa en países con ingresos altos y medios. Sin embargo, poco se conoce sobre el papel de la dieta en el desarrollo de los trastornos depresivos. Anteriores estudios sugieren un papel preventivo de ciertos nutrientes y alimentos, como las vitaminas del grupo B, los ácidos grasos omega-3 y el aceite de oliva. Asimismo, un patrón dietético saludable, como la dieta mediterránea, se ha relacionado con un menor riesgo de depresión", introducen los investigadores en su estudio.
A pesar de todo, los "efectos sobre el trastorno mental de otros componentes de la dieta no han sido tan ampliamente estudiados. Varios estudios epidemiológicos transversales (es decir, sin seguimiento de los participantes a lo largo del tiempo) han analizado la asociación entre el consumo de estos productos y la presencia de síntomas depresivos o de estrés percibido", insisten los investigadores que afirman que también se ha encontrado "una asociación positiva entre, comida rápida, aperitivos y dulces y la presencia de síntomas depresivos".
Seis años de seguimiento
Este nuevo análisis se ha llevado a cabo con 8.964 participantes del 'Seguimiento Universidad de Navarra (SUN)', un proyecto que se inició en 1999, y en estos momentos cuenta con más de 20.000 participantes. "Los participantes, ninguno con diagnóstico de depresión y sin consumo de antidepresivos al inicio de la investigación, recibieron un seguimiento medio de seis años. Todos rellenaron cuestionarios cada dos años sobre sus hábitos de vida y consumo de alimentos", reconocen los científicos. Durante el periodo de seguimiento, 493 de ellos fueron diagnosticados de depresión o comenzaron a tomar antidepresivos.
El estudio confirma una relación positiva entre el consumo de comida rápida y bollería y el trastorno depresivo. Además, y según la doctora Sánchez-Villegas "se observa que, cuanta más comida rápida se ingiere, mayor es el riesgo de depresión. Esta relación, llamada dosis-respuesta, se puso de manifiesto sobre todo para la comida basura. No se observó esta tendencia con la bollería industrial. En este caso, el incremento del riesgo de padecer la enfermedad se mantenía constante ya con relativamente bajos consumos".
Otros datos que apunta el estudio son que los participantes con mayor ingesta de hamburguesas, pizzas, salchichas, donuts... son más propensos "a estar solteros, ser menos activos y tener un patrón dietético peor, con un consumo menor de fruta, frutos secos, pescado, verduras y aceite de oliva". Además, tendían a fumar más y a trabajar más de 45 horas semanales.
José Luis Carrasco, jefe de la Unidad de Trastorno Límite de la Personalidad, del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid, reconoce que "los datos de este trabajo son razonables y es algo que nosotros vemos en la clínica diaria. Otra cosa es que se deba ser precavido con los datos que inferir una causalidad".
Posibles causas
Según la primera firmante del trabajo, "una posible explicación es la alta presencia de grasas tipo trans en este tipo de alimentos. Estas grasas pueden tener efectos negativos sobre diferentes sistemas biológicos incrementando, entre otros efectos, el riesgo de enfermedad cardiovascular. También la ingesta de este tipo de grasas se ha asociado con un mayor riesgo de depresión. Su mecanismo de acción está relacionado con un incremento en la producción de citoquinas y con un empeoramiento en el funcionamiento del endotelio (tejido que recubre los vasos sanguíneos)".
"Las citoquinas pro-inflamatorias "son sustancias con capacidad inflamatoria que se relacionan con una disminución en la síntesis de neurotransmisores (necesarios para la transmisión nerviosa y que se encuentran disminuidos cuando se da la enfermedad mental) y de factores relacionados con el adecuado funcionamiento neuronal y que se denominan neurotrofinas", apunta la investigadora.
El endotelio "es capaz de sintetizar y secretar algunas de estas neurotrofinas, por lo que un funcionamiento inadecuado de éste podría conducir a un inadecuado funcionamiento cerebral", puntualiza.
Aunque pudiera ser que las personas con depresión sean las que más alimentos basura consumen, la experta argumenta por qué ésta no es una explicación a los resultados de su investigación. "El estudio está basado en participantes que cuando iniciaron el estudio no tenían la enfermedad. Para evitar que, a pesar de todo, hubiera un número de sujetos que ya estuvieran deprimidos pero todavía no diagnosticados, se repitió el análisis eliminando a todos aquellos participantes que recibieron el diagnóstico a los dos años de haber accedido a participar en el estudio y cuyos datos sobre la dieta pudieran estar influidos por la presencia de un trastorno depresivo no diagnosticado. Los resultados no cambiaron".
Hábitos y predisposición
En este sentido, el doctor Carrasco reconoce que "las personas deprimidas tienden a comer más rápido y peor. No mantienen hábitos de vida saludables y el estrés les impide sentarse a comer tranquilamente. No obstante, en este estudio los participantes no padecían en un inicio la enfermedad mental por lo que puede haber dos explicaciones en la relación comida basura y más riesgo de depresión. Una de ellas es biológica y otra de carácter temperamental".
La comida rápida "produce una gratificación inmediata y sensación de saciedad. Es como los dulces, los donuts o las magdalenas, que también son alimentos más adictivos y que van 'a atraer' a personas con un tipo de temperamento. Si una persona con vulnerabilidad o predisposición a la depresión, insegura, inestable emocionalmente, tiene unos hábitos de alimentación que se basan en tomar hamburguesas, pizzas, en definitiva, en comer en cinco minutos, esto significa que está desestabilizando su equilibrio emocional. A estas personas les sucede también que se enamoran muy rápidamente y de forma muy intensa o, como ha destacado el estudio, trabajan más, fuman más...", agrega el experto del Hospital Clínico.
Protegerse de la depresión con la dieta sí es posible. "En otras investigaciones llevadas a cabo por el proyecto SUN, se ha puesto de manifiesto el efecto protector del seguimiento de dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, aceite de oliva, frutos secos y legumbres, sobre la depresión, tal y como recogió el 'Archives of General Psychiatry".
Por Patricia Matey. elmundo.es
La comida rápida y la bollería industrial no solo son los peores enemigos de la salud cardiaca, sino que al parecer también son contrincantes de la salud mental.
Científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y de la Universidad de Navarra son los autores de una nueva investigación que constata que los consumidores de hamburguesas, pizzas, magdalenas, donuts... tienen más riesgo de desarrollar depresión.
Almudena Sánchez-Villegas, autora principal de un estudio epidemiológico que ha visto la luz en el último 'Public Health Nutrition' , reconoce a ELMUNDO.es: "En este estudio hemos constatado que aquellos participantes con mayor consumo de comida rápida, presentaban un mayor riesgo de depresión que los participantes que no consumían este tipo de alimentos. Este incremento del riesgo se sitúa en torno al 40%".
"La depresión afecta a 121 millones de personas en todo el mundo, lo que la convierte en una de las principales causas globales de discapacidad ajustada por años de vida y la principal causa en países con ingresos altos y medios. Sin embargo, poco se conoce sobre el papel de la dieta en el desarrollo de los trastornos depresivos. Anteriores estudios sugieren un papel preventivo de ciertos nutrientes y alimentos, como las vitaminas del grupo B, los ácidos grasos omega-3 y el aceite de oliva. Asimismo, un patrón dietético saludable, como la dieta mediterránea, se ha relacionado con un menor riesgo de depresión", introducen los investigadores en su estudio.
A pesar de todo, los "efectos sobre el trastorno mental de otros componentes de la dieta no han sido tan ampliamente estudiados. Varios estudios epidemiológicos transversales (es decir, sin seguimiento de los participantes a lo largo del tiempo) han analizado la asociación entre el consumo de estos productos y la presencia de síntomas depresivos o de estrés percibido", insisten los investigadores que afirman que también se ha encontrado "una asociación positiva entre, comida rápida, aperitivos y dulces y la presencia de síntomas depresivos".
Seis años de seguimiento
Este nuevo análisis se ha llevado a cabo con 8.964 participantes del 'Seguimiento Universidad de Navarra (SUN)', un proyecto que se inició en 1999, y en estos momentos cuenta con más de 20.000 participantes. "Los participantes, ninguno con diagnóstico de depresión y sin consumo de antidepresivos al inicio de la investigación, recibieron un seguimiento medio de seis años. Todos rellenaron cuestionarios cada dos años sobre sus hábitos de vida y consumo de alimentos", reconocen los científicos. Durante el periodo de seguimiento, 493 de ellos fueron diagnosticados de depresión o comenzaron a tomar antidepresivos.
El estudio confirma una relación positiva entre el consumo de comida rápida y bollería y el trastorno depresivo. Además, y según la doctora Sánchez-Villegas "se observa que, cuanta más comida rápida se ingiere, mayor es el riesgo de depresión. Esta relación, llamada dosis-respuesta, se puso de manifiesto sobre todo para la comida basura. No se observó esta tendencia con la bollería industrial. En este caso, el incremento del riesgo de padecer la enfermedad se mantenía constante ya con relativamente bajos consumos".
Otros datos que apunta el estudio son que los participantes con mayor ingesta de hamburguesas, pizzas, salchichas, donuts... son más propensos "a estar solteros, ser menos activos y tener un patrón dietético peor, con un consumo menor de fruta, frutos secos, pescado, verduras y aceite de oliva". Además, tendían a fumar más y a trabajar más de 45 horas semanales.
José Luis Carrasco, jefe de la Unidad de Trastorno Límite de la Personalidad, del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid, reconoce que "los datos de este trabajo son razonables y es algo que nosotros vemos en la clínica diaria. Otra cosa es que se deba ser precavido con los datos que inferir una causalidad".
Posibles causas
Según la primera firmante del trabajo, "una posible explicación es la alta presencia de grasas tipo trans en este tipo de alimentos. Estas grasas pueden tener efectos negativos sobre diferentes sistemas biológicos incrementando, entre otros efectos, el riesgo de enfermedad cardiovascular. También la ingesta de este tipo de grasas se ha asociado con un mayor riesgo de depresión. Su mecanismo de acción está relacionado con un incremento en la producción de citoquinas y con un empeoramiento en el funcionamiento del endotelio (tejido que recubre los vasos sanguíneos)".
"Las citoquinas pro-inflamatorias "son sustancias con capacidad inflamatoria que se relacionan con una disminución en la síntesis de neurotransmisores (necesarios para la transmisión nerviosa y que se encuentran disminuidos cuando se da la enfermedad mental) y de factores relacionados con el adecuado funcionamiento neuronal y que se denominan neurotrofinas", apunta la investigadora.
El endotelio "es capaz de sintetizar y secretar algunas de estas neurotrofinas, por lo que un funcionamiento inadecuado de éste podría conducir a un inadecuado funcionamiento cerebral", puntualiza.
Aunque pudiera ser que las personas con depresión sean las que más alimentos basura consumen, la experta argumenta por qué ésta no es una explicación a los resultados de su investigación. "El estudio está basado en participantes que cuando iniciaron el estudio no tenían la enfermedad. Para evitar que, a pesar de todo, hubiera un número de sujetos que ya estuvieran deprimidos pero todavía no diagnosticados, se repitió el análisis eliminando a todos aquellos participantes que recibieron el diagnóstico a los dos años de haber accedido a participar en el estudio y cuyos datos sobre la dieta pudieran estar influidos por la presencia de un trastorno depresivo no diagnosticado. Los resultados no cambiaron".
Hábitos y predisposición
En este sentido, el doctor Carrasco reconoce que "las personas deprimidas tienden a comer más rápido y peor. No mantienen hábitos de vida saludables y el estrés les impide sentarse a comer tranquilamente. No obstante, en este estudio los participantes no padecían en un inicio la enfermedad mental por lo que puede haber dos explicaciones en la relación comida basura y más riesgo de depresión. Una de ellas es biológica y otra de carácter temperamental".
La comida rápida "produce una gratificación inmediata y sensación de saciedad. Es como los dulces, los donuts o las magdalenas, que también son alimentos más adictivos y que van 'a atraer' a personas con un tipo de temperamento. Si una persona con vulnerabilidad o predisposición a la depresión, insegura, inestable emocionalmente, tiene unos hábitos de alimentación que se basan en tomar hamburguesas, pizzas, en definitiva, en comer en cinco minutos, esto significa que está desestabilizando su equilibrio emocional. A estas personas les sucede también que se enamoran muy rápidamente y de forma muy intensa o, como ha destacado el estudio, trabajan más, fuman más...", agrega el experto del Hospital Clínico.
Protegerse de la depresión con la dieta sí es posible. "En otras investigaciones llevadas a cabo por el proyecto SUN, se ha puesto de manifiesto el efecto protector del seguimiento de dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, aceite de oliva, frutos secos y legumbres, sobre la depresión, tal y como recogió el 'Archives of General Psychiatry".
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