lunes, 28 de mayo de 2012

Bután, el reino de la felicidad

Bután es el único país del mundo que mide su crecimiento por el número de sonrisas per cápita y es un territorio libre de cigarrillos.
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Un país en el que el indicador de crecimiento no sea el Producto Interno Bruto (PIB), sino la Felicidad Interna Bruta (FIB) no es solo un sueño o una utopía, sino que existe en realidad, y se ha convertido desde el corazón del Himalaya en la base sobre la cual las Naciones Unidas decretaron en julio pasado la búsqueda de la felicidad como objetivo de desarrollo del milenio.

El reino de Bután, un pequeño país de solo 800 mil habitantes, incrustado entre la India y la China, dos de los países más poblados del planeta, es el único en el mundo que tiene una comisión nacional que evalúa cada año el grado de felicidad del pueblo.  

Los butaneses son sometidos a una encuesta anual en la que se les pregunta por el estrés que tienen en sus vidas y si pierden o no el sueño por las preocupaciones, entre otras cosas. Como resultado, el 97% de butaneses se considera personas felices.

Al final, la comisión hace un promedio de felicidad entre las diferentes ciudades y propone al Parlamento medidas que ayuden a reforzar el bienestar.

Hace 40 años, en la ceremonia de coronación del cuarto rey de Bután, este pronunció ante su pueblo la nueva política de conducción de la nación: "La Felicidad Interior Bruta es mucho más importante que el Producto Interno Bruto (PIB)", y desde entonces el Gobierno ha desarrollado una estrategia que hace hincapié en la cultura, la salud mental, la compasión y la comunidad.

La FIB proviene de dos principios budistas. El primero hace referencia a que todas las criaturas vivas buscan la felicidad y que esa es su aspiración personal, por lo que el Gobierno debe dotar a sus ciudadanos de un entorno en el que sea posible ser feliz.

El otro es el principio budista del camino intermedio, que se explica como el equilibrio entre lo ancestral y lo nuevo. De este modo, la televisión al igual que Internet llegaron al país en 1999, y Timbu es la única capital del mundo que no tiene semáforos.

Esto, que para muchos es considerado como un retraso, ha permitido que su población mantenga sus costumbres y su cultura pero, al mismo tiempo, que conozca sobre lo que pasa en el mundo y aprenda de los errores de los países que se han centrado únicamente en el desarrollo económico.

En esa ruta de aprendizaje, el rey decidió convocar en 2005 a elecciones democráticas y abdicar a favor de su hijo, conocido como el rey Dragón, quien cuenta con el favoritismo del pueblo. (YA)

'Esto puede parecer un sueño, pero les aseguro que es posible'

En su intervención del viernes pasado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el primer ministro de Bután, Lyonchoen Jigmi Yoezer Thinley, se dirigió a las delegaciones de los países que conforman el pleno de la ONU con el único propósito de hablar sobre la felicidad.

Yoezer Thinley urgió a los líderes mundiales a que busquen un nuevo paradigma de desarrollo, pues aseguró que el actual solo ha traído pobreza y dependencia. "Cada año nos reunimos aquí para hablar sobre guerras, desastres, enfermedades y todo lo que aqueja al planeta. Es hora de proponer nuevos caminos, y, en esto, el pequeño reino de Bután quiere hacer un aporte si el resto del mundo lo permite".

El primer ministro explicó que entregó una propuesta al Consejo de Seguridad sobre el desarrollo y una economía con base en la felicidad de los ciudadanos del mundo. "Esto puede parecer un sueño, pero les aseguro que es posible", dijo.

Solo unos pocos pueden entrar al reino de la felicidad

La Felicidad Interna Bruta también se basa en la filosofía de "pocos visitantes, pero de mucho valor". Por ello, el reino de Bután permite solo el ingreso de 4 000 turistas al año. Quien decide qué persona puede visitar o no el país es el Ministerio de Turismo de Bután. Quienes deseen viajar a este reino deben contactarse con una agencia de viajes que se encarga de remitir a esta cartera de Estado una solicitud con los datos del potencial turista. El pasaje de avión solo se emite si existe la comprobación del permiso de ingreso; dado que el país no tiene muchas representaciones diplomáticas, la visa es insertada en el pasaporte en el momento de la llegada al único aeropuerto, que se encuentra en la ciudad de Paro, o en los puestos de control en las carreteras. Asimismo, el Gobierno protege mucho las áreas patrimoniales de la influencia extranjera; por ello, desde la llegada, el Ministerio de Turismo asigna un guía especial para el visitante, el mismo que le acompañará durante toda la estadía con un itinerario de visitas programado e intransigente. El tiempo de permanencia máxima en Bután es de una semana. El visitante debe pagar unos $200 diarios, que incluyen hospedaje, alimentación y recorridos. El precio es para viajes de grupos de más de cuatro personas; si el tour se hace en solitario, se deben pagar $40 más, los que incluyen un baño ancestral con piedras calientes.

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